LA ENDOGAMIA DEL YO MISMO EN LA CULTURA

Los monos sabios poco van a avanzar sino quieren ver lo nuevo, oír ideas diferentes y hablar con gente distante
Los monos sabios poco van a aprender si no quieren ver lo nuevo, oír ideas diferentes y hablar con gente lejana

Antes de iniciar este artículo tengo que advertir que voy a hablar de internacionalización de la cultura, tema al que actualmente estoy dedicando la mayor parte de mi actividad profesional y que, visto lo visto en los últimos tiempos, me apasiona. A esto debo añadir que siempre uso la palabra internacionalización en un sentido amplio, queriendo significar abrirse a nuevos circuitos más allá de los propios que ya el artista, operador cultural u organización conoce y donde opera habitualmente. Se puede dar el caso que salir o abrirse no sea más que recorrer 300 km, en otros será a partir de los 3.000km. No hay diferencia, cada cual estará buscando un destino nuevo más allá de sus certezas y sus propios espacios de comodidad.

La opción industrial

Cuando se habla de internacionalización las preguntas y debates habitualmente giran alrededor de ¿qué tiene posibilidades en el extranjero? o ¿qué aceptan otros circuitos y mercados? Planteado así, el debate se refiere específicamente a la industria cultural. Vender una mercancía o servicio de la manera más eficiente es el objetivo de todo buen industrial que se precie. Sin embargo, en el mundo de la cultura, a diferencia del meramente industrial, este proceso es más amplio y variado.

No negaré que una parte del sector cultural puede ser considerado industria. En este caso se dedica a vender productos: libros, audiovisual, espectáculos, etc., sin ser decisivo el valor artístico o cultural del producto que se oferta. Por lo tanto, para su internacionalización rigen los mismos conceptos y estrategias que para la mayoría de sectores industriales. Así, la respuesta a la pregunta ¿qué es internacionalizable? será: todo aquello de lo que carezcan los mercados o circuitos a los que se dirige la propuesta. Más específicamente, en condiciones normales lo que un mercado carece en términos culturales son las producciones artísticas novedosas, las no tan novedosas pero de una calidad muy alta (referenciada a los estándares del circuito al cual dirige la oferta) o lo que está ligado a una identidad de origen, siempre que el circuito destinatario desconozca y tenga curiosidad por saber más de esta identidad (en este caso intervienen las modas; hay países o culturas que están de moda en otros países).

La opción cultural

Aparte de los objetivos ligados a la industria, en los sectores culturales hay un campo muy amplio de desarrollo y obertura internacional ligado a los valores que la cultura tienen por si misma, o sus valores intrínsecos, valores sociales y educativos.

Cuando se entiende la cultura y las artes como procesos creativos y de hibridación, con capacidad para crear espacios de concordia, de intercambio de ideas y conocimiento o con capacidad de crear una identidad colectiva que va más allá de las propias fronteras locales o nacionales, los procesos de internacionalización se deben abordar de manera diferente que cuando se trata de vender productos o servicios al exterior. Puestos a abordar todos los valores que nos ofrecen los sectores culturales, las posibilidades y oportunidades para internacionalizarse crecen de manera exponencial. En este caso ya no hablaremos de productos sino que trataremos con proyectos, ya no serán clientes a los cuales venderles algo, serán colaboradores o socios. En definitiva, ya no hablaremos de comprar o vender, hablaremos de compartir, colaborar o cooperar. Grandes cambios semánticos que nos abren las puertas a un mundo de actuaciones hasta este momento insospechadas.

Tomando la cultura de este segundo modo, no veo otra salida para la evolución del sector cultural si no es abriéndose al exterior. Todo lo que no sea de este modo se quedará en un sistema de producción de contenidos culturales petrificado, sin capacidad de acometer los retos que la cultura tiene para que realmente cumpla con su principal función, que no es entretener sino crear conciencia crítica en la gente y respeto mutuo y desarrollo compartido de un bien que pertenece al conjunto de todas las sociedades. Refrescar ideas y conceptos a partir del contacto con otras personas que pueden estar viviendo muy lejos pero con las que se tienen puntos en común, es la manera de crecer y evolucionar para todos los que de manera endogámica están encerrados en el bucle de sí mismos sin saber ni poder evolucionar.

Las políticas públicas

La labor de abrirse al mundo es responsabilidad de cada uno, individuo, organización, profesional, empresa o estructura pública, sin embargo los gestores de lo público deben poner especial atención en que esto suceda. En las últimas décadas hemos asistido en España (en sintonía con Europa) a la creación de organismos públicos para la internacionalización de la industria, específicos en el sector de la cultura (como por ejemplo ICEC en Cataluña) o más generalistas los cuales están empezando a trabajar con la industria cultural (ICEX a nivel del territorio español, Extenda en Andalucia o IVACE en Valencia). Por otra parte, con más años de antigüedad, los estados, regiones o alguna grandes ciudades ejercen la diplomacia cultural como vía para obtener un posicionamiento o marca país en línea con su política exterior (Instituto Cervantes, AECID, Ramon Llull, Etxepare …..). Desgraciadamente no existe aún ningún organismo que se ocupe de manera decidida en potenciar la internacionalización de la cultura por sus valores intrínsecos y su capacidad de crecer a partir de procesos de cooperación e hibridación con culturas y entre artistas y profesionales de diferentes países. Un ejemplo que puede marcar el camino es el de la Comisión Europea por medio del programa Europa Creativa. Aunque esta experiencia es muy limitada y centrada únicamente en ayudar a la financiación de proyectos, los principios y prioridades con los cuales trabaja se acercan más a lo que debería ser un modelo de política pública de apoyo a la internacionalización de la cultura que los de la mayoría de países y regiones que presumen de políticas culturales públicas pero en realidad se dedican a servir intereses ajenos a la cultura.

 

2 comentarios sobre “LA ENDOGAMIA DEL YO MISMO EN LA CULTURA”

  1. Has hecho una vision bastante correcta del tema. Solo puedo decir lo que digo a mis alumnos o socios de proyectos. No existe ninguna industria cultural sea esta potente, que viva del mercado domestico. Un Señor como Client Eastwood no seria nadie si solo viviera del mercado de EEUU, donde pocos le conocen(me refiero a la America del interior), igual pasa del cine que se hace en Hollywood. Vive fundamentalmente de los ingresos fuera de EEUU. Como dicen ellos con lo que ganamos aqui nos da para pagar a los abogados y poco mas. El otro tema
    que me parece interesante, es que la cultura como industria sigue el mismo proceso que otras industrias. El camino del exterior. Y ya era hora, porque no hay un solo pais con una industria, cultural y no cultural que viva de su mercado domestico. Solamente en España ocurre eso.

    1. Gracias Julian. Yo no diría simplemente vivir del mercado doméstico, agregaría que no se puede subsistir en la cultura sin refrescarse de todas las ideas que se generan en el mundo y confrontar lo que uno crea y produce con otros profesionales y públicos que no comparten los mismos orígenes culturales.

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