¡QUÉ REVIENTEN LOS ARTISTAS!

Titeres desde Abajo
“La Bruja y Don Cristóbal”,  la última pieza  de la compañía de teatro “Títeres desde Abajo” que ha sido recibida con diversidad de opiniones en la plaza de Madrid.

De pequeño, todos los años para las fiestas de Tortosa, mi pueblo, nos visitaba el Teatro de Guiñol en su caseta de feria. Un teatro popular, crítico, descarado y desatado. A los niños nos encantaba, no era inadecuado; y era la época de Franco. Salían Guardias Civiles, el “Dimoni banyut (tururut!)” (el Demonio Cornudo)  y siempre habían ostias al grito de (todos los niños a coro) “toma, toma y toma, pastillas de goma!”. Fue mi primer teatro.

Desgraciadamente la sátira y la crítica de los artistas se fue perdiendo. Ahora puede llegar a ser delito. Se permite aún en espacios cerrados y para los ya iniciados. Pero mucho cuidado de representarla en la calle, y mucho cuidado en un lenguaje que lo entienda todo el mundo (en la calle sólo cabe entretenimiento acrítico). Y si hay niños, te detienen por terrorista.

Es aquí donde nos han llevado las políticas culturales? Sencillamente nos han llevado a no entender lo que está pasando. A no tener argumentos para, desde la cultura, responder a esta guerra política por la hegemonía cultural y reafirmarnos en unos principios muy básicos. A oír a políticos de izquierda que un día se les llena la boca con la palabra cultura y al siguiente lo único que saben decir es que “la obra era mala e inadecuada”. A culpar a los artistas por no hacer bien su trabajo; éste que gusta tanto y hace tanto reír.

Los artistas de la compañía “Títeres Desde Abajo” no deberían pasar ni un minuto más en la cárcel. En un país que se declara a favor de la libertad de creación y expresión, no deberían haber entrado nunca.  No se debería haber dudado de su trabajo artístico y, por tanto, se les debe defender como símbolo de un país libre que considera la cultura como un pilar en su desarrollo.  Pero allí están todavía. Libertad Titiriteros! Libertad de Expresión!

Comparto este artículo riguroso: ¡Gora los Títeres! de Adolfo Ayuso; para aprender un poquito más que es esto de los títeres. Y para entender, también, que los títeres, el teatro, el arte y la cultura, va todo en un mismo saco.

 

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Un pensamiento en “¡QUÉ REVIENTEN LOS ARTISTAS!”

  1. Muchas gracias Toni por tu artículo. En realidad yo creo que es al revés de como tú lo planteas. Su entender es de monocultivo. Aquí se podría atacar con esa idea de que el arte es algo “natural” y como tal es (o debería ser) entendido por todo el mundo, olvidando que el arte es sobretodo cultura y como tal un artefacto, una construcción social en permanente cambio. Sorprende muchas veces, que aquellos mas críticos, sean precisamente los que menos se interesan. Algunas veces me he tenido que enfrentar a esto mismo, y me pregunta/respuesta ha sido casi siempre la misma, ¿cuando fue la última vez que acudiste a una galería de arte?, y para no cerrar la puerta del todo ¿cuando fue la última vez que acudiste a un museo?

    La sátira, la crítica, el cuestionamiento de esa realidad/vida, sigue estando ahí. Solo hay que abrir los ojos para verlo. Algunos, con su dogmatismo cerril, parece que han renunciado a que la vida sea también la de los otros y juegan a buscar el consuelo, que parecen no encontrar en otros ámbitos, en una belleza extraña en su momento, y normativizada con el paso del tiempo (como si los cánones de belleza fueran eternos) : arte, “el domingo de la vida”. Pero esta creencia es tan antigua, tan nostálgica, que se cae, se desmorona como un golem. En realidad lo que ocurre es otra cosa. Cuando el presidente de uno de los partidos emergentes dice que hay que despolitizar el arte, lo está diciendo bien. La política nos constituye desde lo micro hasta lo macro, y mas que des-politizar hay que des-partidizar la cultura (puestos a dar consejos). Y en el ámbito de las políticas culturales algo sabemos de esto.

    El contexto: una obra de guiñoles, de los de cachiporra.

    Y por último. La libertad del espectador para interpretar, leer, disfrutar o disgustarse. Como tu apuntas, la obra se realiza en la calle, en un espacio público (si esto es posible). Una de sus principales características es la transversalidad de valores, creencias y estilos de vida de los viandantes/espectadores. En circunstancias normales habría bastado con abandonar la representación, marcharse, e incluso haber presentado una queja a los organizadores y solicitar que estos retiraran la obra. Parece que los prejuicios y creencias de algunos tienen el carácter de norma, con lo que la supuesta libertad exigida a la hora de interpretar se convierte en “mi libertad” y no la de los otros (que sería tan respetable como la mía).

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