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LA BARRERA DEL IDIOMA EN LAS RELACIONES CULTURALES INTERNACIONALES

La barrera del idioma en las relaciones culturales internacionales es el principal obstáculo para una comunicación e intercambio de conocimiento justo e igualitario.

Por Toni González, consultor para la movilidad artística

En mi experiencia profesional, el principal impedimento que he encontrado para que mi trabajo y mi carrera avanzaran ha sido la barrera del idioma. Sonará extraño para quien conozca mi trayectoria, ya que se puede pensar que en mis treinta años de actividad profesional me he desenvuelto bastante bien por los circuitos de las artes internacionales.   Hablo cuatro idiomas; dos por nacimiento, el catalán  y el castellano, y otros dos por formación. Primero fue el francés y después el inglés. Con todo, no puedo negar mi profundo pesar por no dominar a la perfección el inglés.

El hecho de no tener el nivel más elevado de inglés me ha cerrado algunas puertas. A ciertos niveles de la actuación internacional la competencia es enorme. En mi caso, en el ámbito de la actividad profesional independiente en el sector de las artes, donde los apoyos por parte de los gobiernos que me competen son prácticamente nulos, las opciones son aún más remotas. Así, si  no tienes un nivel muy alto de inglés, no tienes acceso a lugares donde se genera y patrocina nuevo conocimiento y se toman decisiones. En un ámbito público, institucional, esta necesidad no es tan obvia ya que se dispone de mayores recursos técnicos para traducciones y, de esta manera, poder operar en la lengua propia.

Siempre me ha atraído lo inalcanzable. A los 30 años me empecé a formar como actor. A los 35 como bailarín. A los 40 como cantante lírico. Claro, así es difícil desarrollar una carrera artística. También me he presentado a algunos concursos para dirigir festivales por todo el mundo, en puestos que claramente no estaban a mi alcance —siempre he pensado que para perder mi independencia habría que hacerlo en puesto que realmente valieran la pena—. Como gestor cultural internacional empecé a estudiar inglés poco antes de los 30. Por ello el idioma inglés siempre ha sido mi barrera infranqueable.

A pesar de todo, nada me impide comunicarme internacionalmente, colaborar y ejecutar proyectos con otras personas de cualquier lugar del mundo. En la mayoría de los casos, aparte de España y América Latina, la lengua vehicular es siempre el inglés. Sin embargo, en muy pocas ocasiones tengo acceso a espacios de toma de decisiones o a que mis relatos sean adoptados, en su totalidad o en parte, por la comunidad internacional a la que pertenezco.

El hecho de que una persona tenga como lengua materna el inglés le facilita mucho abrirse camino en la gestión cultural a nivel internacional. Es un pez que se muerde la cola: el hecho que la cultura anglosajona haya adquirido el nivel de presencia internacional que actualmente tiene y, al mismo tiempo, el idioma inglés se haya impuesto como la lengua vehicular de las relaciones internacionales. Sin duda, en el ámbito internacional, es el lugar donde se determinan cuáles son los relatos, modas o culturas que se considerarán dominantes en el mundo globalizado.  A partir de aquí, y respecto a la cultura y la creación artística, se imponen estéticas y contenidos que la industria cultural anglosajona proyecta y así garantiza su liderazgo en el mundo.

Quien no tiene como lengua nativa el inglés pero lo domina a la perfección, en la mayoría de casos, es que ha estudiado o ha trabajado en largas estancias en un país donde el inglés es la lengua mayoritaria. En ambos casos, muy probablemente, durante la juventud. Quien ha conformado su inglés en época temprana, ha formado también su relato cultural en sintonía con el predominante en el país de acogida. De esta manera, en su futura carrera, no se separará mucho de los marcos y esquemas aprendidos en sus estancias en los países anglosajones.

En consecuencia, tanto las personas nativas del idioma inglés o las que lo han aprendido en largas estancias en países de lengua inglesa, tienen una mayor tendencia a reproducir los marcos y relatos de las culturas anglosajonas hegemónicas. Por su parte, las personas que no tienen como lengua materna el inglés y que no lo dominan a la perfección, se enfrentan a serias barreras para influir con sus relatos.

Desde la experiencia y sin ánimo de sentar cátedra, creo que el miedo es el enemigo de la comunicación oral a nivel internacional; de la recepción y transmisión  de manera justa e igualitaria de toda una serie de pensamientos complejos. El miedo a no ser entendido, a no saber expresar los matices, a no ser lo suficientemente rápido para contestar con acierto a las solicitudes de aclaración. Este, en ocasiones pánico, ralentiza el razonamiento natural, le quita espontaneidad y al final provoca el colapso. Las manifestaciones del colapso son la pérdida de concentración y de aquí, la salida de la conversación y la pérdida del hilo narrativo para, no se sabe cuándo, volverlo a retomar, habiendo dejado atrás innumerables aspectos fundamentales. Una manifestación del colapso, minoritaria pero de gran influencia, es el que se produce en personas con dosis desbordantes de ego, por ejemplo en personas con poder de decisión, en direcciones de estructuras culturales, festivales, etc. En estos casos, la contrariedad es tan grande que en ocasiones, después de malas experiencias, cierran definitivamente los caminos a la cooperación internacional en su área de influencia.   

Para que se den unas condiciones igualitarias de transmisión e intercambio oral de conocimientos a nivel internacional entre gentes de lenguas nativas diferentes, hay que contar con que estos intercambios tengan lugar en “espacios confortables”. Podríamos definir estos espacios como lugares de mayor libertad, donde el miedo se difumina y la sensación de inclusión y diversidad provocan un intercambio oral respetuoso entre personas que tienen idiomas nativos diferentes. La existencia de estos espacios cómodos es totalmente necesaria para que se pueda producir la comunicación igualitaria a nivel global.

En la práctica muy pocas veces se puede afirmar que el espacio reúne las condiciones para una óptima comunicación a nivel internacional. En general no está considerado como un tema de accesibilidad para los organizadores de los eventos o reuniones. Desgraciadamente, la mayoría de las veces son los mismos interlocutores los que favorecen la incomodidad del espacio al no adaptarse a las condiciones reales de los agentes presentes en la sala. Hablar rápido, bajo o sin vocalizar son los principales escollos a esquivar. Otras veces es la sala misma la que no reúne las condiciones acústicas adecuadas o una deficiente amplificación.

Alcanzar comunicaciones orales igualitarias no es una utopía en nuestros días. Una mayor profundización respecto a temas como la inclusión, la accesibilidad y la diversidad, debe conducir a considerar la barrera del idioma como una cuestión ligada a ellos. La tendencia a subestimar en la práctica la diversidad cultural y permitir que una cultura dominante vaya monopolizando más espacios de nuestro quehacer diario, son signos de imperialismo lingüístico y de su avance. Mucho se puede hacer para contrarrestarlo. En un principio, tomando conciencia de la situación de desigualdad y, a partir de aquí, adoptar las medidas necesarias para construir estos “espacios confortables” para la comunicación. Sin duda, poco a poco, el desarrollo de políticas de inclusión, diversidad, igualdad y accesibilidad, con la ayuda de la tecnología, van abriendo paso para conseguirlo.